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Las DSLR (Digital Single lens reflex) o simplemente, como las conocemos todos, las réflex digitales que están saliendo al mercado cada vez más están envueltas en la polémica por su alto precio (aunque podemos encontrar muchas variaciones). Todo el mundo sabe que son fabulosas, pero la cantidad de personas que se decantan por ellas disminuye o así parece la tendencia. Pocos quieren (o pueden) pagarlas. Vamos a ver cuáles son los motivos de sus altos costes.

Cuando alguien piensa en una cámara profesional, automáticamente le viene a la cabeza una cámara grande, una réflex de toda la vida. Nunca se imagina una pequeña (y las empieza a haber). Es un pensamiento equivocado, pues una cámara profesional es sólo aquella que te hace ganar dinero o expresarte como quieres. Siempre se recuerda en estos casos la fabulosa cámara de los inicios de un grande, Stephen Shore, una Mick-A-Matic, que nada tiene que ver con lo que se entiende en el mercado por una cámara profesional.

Compleja construcción

De todas las cámaras del mercado, las más complicadas de construir son las réflex, junto con las telemétricas de Leica. Pocas máquinas tienen tantos engranajes y tuercas para funcionar correctamente, y a unos velocidades de vértigo. Imaginaos sólo por un momento todo lo que hay que diseñar para conseguir que un espejo se levante y active un obturador seis veces por segundo a una velocidad de 1/8000. La mecánica de precisión de una Nikon es tan compleja o más que el motor de un coche clásico o un reloj de varios miles de euros.

La gente se lleva las manos a la cabeza cuando ve que la Nikon D4s cuesta unos 5000€ o que una Canon 6D, con muchas menos pretensiones, llega a los 1500€. Las expresiones tipo “están locos” o “no saben por donde van los tiros” salen de la boca de todos los potenciales compradores que ven cómo se alejan su sueño de tener una DSLR entre las manos. Si estas máquinas costaran 500-1000€ se venderían como rosquillas (¿?), desde luego, pero llevarían al departamento de investigación de las marcas a la ruina.

Diseño e investigación

Idear, diseñar y fabricar una réflex no es fácil. Por eso muchas veces las grandes marcas sacan modelos clónicos temporada tras temporada para amortizar las investigaciones. Esto puede cabrear a más de uno, pero no podemos olvidar que estamos ante un negocio.

Sería ideal, por poner un ejemplo, llegar a la situación del famoso 50 mm f1,8 de Canon que mucha gente no compra por ser tan barato (100€). Es un diseño tan antiguo y tan bien amortizado que ya se puede vender a estos precios. Sin embargo, la gente lo suele menospreciar por su escaso coste.

El gran problema de las cámaras réflex, y por lo que terminarán desapareciendo de la faz de la tierra son:

  • El pentaprisma, esa protuberancia que apareció ya en el primer modelo de la historia, la mítica Exakta de 1936. Este bloque de cristal -en el mejor de los casos- de cinco caras permite ver en el visor exactamente lo mismo que el objetivo, con la ventaja de enderezar e invertir la visión original del objetivo,
  • Luego tenemos el espejo, uno de los elementos que más sufren en el momento del disparo. Se tiene que levantar con un precisión absoluta para dejar pasar la luz al obturador justo en el momento que esté abierto. Y si falla una vez fallará siempre. Imaginaos por un momento la velocidad de aceleración que puede pillar.
  • ¿Queremos otro motivo para entender por qué las cámaras réflex son tan caras? El obturador mecánico fabricado con materiales aeronáuticos que son capaces de aguantar unas fuerzas de aceleración y desaceleración brutales. Imaginaos pasar de un reposo absoluto a una velocidad tal que deje pasar la luz sólo durante 1/8000 sg y encima parar en seco sin provocar casi vibraciones, con total precisión y durante unos 300000 ciclos. Una auténtica obra maestra de la ingeniería.

Toda la mecánica de este bloque es lo que encarece el conjunto. Y mucho. Son los restos de una época en la que todo se podía ajustar con herramientas manuales y con un poco de grasa.

Montaje manual

Otro motivo para justificar el alto coste de producción de las cámaras réflex es que se montan en una cadena manual. Cientos de operarios están pendientes de la colocación de todas las piezas (tornillos, tuercas, rodamientos minúsculos,…) que son casi imposibles de colocar por los robots especializados en el montaje de cámaras compactas y sin espejo (mirrorless). Y casi seguro que no interesa invertir en nuevas maquinarias para algo que está condenado a extinguirse.

Por eso, cuando veáis en los escaparates las cámaras que os ponen los dientes largos no os fijéis en el precio (sé que es difícil) y pensad en todos los precisos engranajes que tienen en su interior.

Todo lo que hemos descrito son los motivos de su pronta desaparición y su alto precio. Pero nos queda un consuelo, una buena réflex es una muy buena cámara … pero siempre podemos comprar una más sencilla y gastarnos el dinero en objetivos buenos, que nunca se devaluarán tanto como las cámaras puesto que hasta la mejor de las cámaras se convierte en una de juguete con un mal objetivo.

Fotografía de portada | Fernando Sánchez Fernández

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