Como ya hemos visto en artículos anteriores, el cine y la fotografía están muy relacionados. George Méliès fue el primero que empezó a utilizar trucajes fotográficos como la doble exposición, el uso creativo de la perspectiva, el time lapse… Su figura cobra cada vez más importancia y cada vez más gente le conoce. Gracias a él, el cine existe.

Fotografía y cine: La fotografía y George Meliés

Desde el punto de vista de la fotografía poco bueno se puede decir de las películas de Méliès. Las tomas están inundadas de luz, y eso era lo realmente importante y necesario. Sin luz la película no se impresionaba. Y no había tiempo para experimentar, pues sólo se podía rodar en las horas centrales del día, y que estuviera despejado.

La fotografía y el cine
Estudio de George Méliès

La cámara de Méliès es estática, frontal, nunca se mueve, permanece clavada, como los ojos del espectador sentado disfrutando del espectáculo.

Es una concepción infantil de la imagen. Incluso en su película más famosa Viaje a la luna, inspirada en las novelas de Wells y Verne, permanece quieta. Y la luz es siempre la misma, ni para representar el cielo o el infierno cambia.

Pero imaginaros que hubiese supuesto para un hombre sin formación cinematográfica (era imposible encontrarla pues estamos hablando del génesis del cine tal como lo conocemos hoy) haber movido su cámara de madera durante esas dobles exposiciones, superposiciones y fantasmagorías. Sus películas eran muy caras de producir y su imaginación portentosa. Y con eso bastaba. No había ningún referente. Era único.

Sus orígenes son los de un prestidigitador que huye del negocio zapatero familiar. Y sus trucos cinematográficos vienen de su formación circense, donde el espectáculo se desarrolla enfrente del espectador, igual que en el teatro. Lo que más importaba en sus proyecciones era la sorpresa, no la estética. El público quería números de magia que les dejara con la boca abierta.

No hay que olvidar que George Méliès fue el primero que utilizó el cine para mostrar algo que no fuera la realidad. Fue el creador del cine espectáculo, el cine de palomitas de la época, que en España estuvo representado por Segundo de Chomón, uno de los grandes desconocidos de la cinematografía patria, pero que tiene en su haber obras maestras como El hotel eléctrico.

Pero uno de sus grandes méritos es haber trabajado con Abel Gance en la majestuosa, innovadora e inacabada Napoleón, donde se pueden ver grandes avances fotográficos, como analizaremos más tarde en otros artículos.

Fotografía y cine: El cine después de Méliès

La industria del cine empezó a crecer a partir de los seguidores de George Méliès, que terminó arruinado y trabajando en un modesta tienda de juguetes (sí, lo que se cuenta en La invención de Hugo tiene parte de verdad). Por todos lados surgían nuevas productoras con ganas de conseguir el éxito de la productora francesa Pathé y otras americanas como la que contrató a D. W. Griffith, la American Mutoscope&Biograph.

Es muy curioso ver cómo el férreo control que impusieron en Europa los hermanos Lumiere y en EEUU Edison, dieron al traste a estas empresas pioneras y propiciaron el nacimiento de Hollywood, una pequeña aldea a la que escaparon para huir de la dictadura de la costa este e instaurar un imperio en la costa oeste, donde brillaba el sol la mayor parte de los días del año. La luz, tan necesaria entonces como ahora, fue una de las principales bazas para trasladarse a este lugar, que pronto sería la meca del cine.

Conseguir trabajo en estas productoras era muy fácil, nada que ver con la situación actual. Si ibas por la calle y veías a alguien que te gustaba, o que simplemente pedía trabajo, ya tenía un puesto y podía llegar a ser actor principal o incluso director. No hacía falta formación y el trabajo se aprendía con la experiencia o fijándose en lo que hacían los demás. Así surgieron los grandes, como Raoul Walsh, Allan Dwan o Fritz Lang en Europa, básicos para entender la evolución de la fotografía en el cine.