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“Son las 6:00 AM del domingo, estamos a media hora del balcón que pretendemos fotografiar. Nos hemos levantado en un refugio lleno de montañeros intentando molestar lo más mínimo, abrimos la puerta y… niebla. Vaya.

alpes005Bueno, ya se quitará cuando lleguemos nos decíamos. Pero el amanecer fue un fracaso, la niebla no se retiró y nos vimos limitados a sacar fotos atractivas entre árboles secos que -aunque bonitos-, no hace falta irse a Francia a por ellos.

alpes006Después de la decepción nos dispusimos a bajar el mismo sendero de la noche. No vimos nada subiendo en la ascensión y tampoco íbamos a ver nada bajando con la niebla pero…, la niebla empezó a disiparse y todo fue emoción: un cortado brutal que bajaba decorado por agujas rocosas con árboles solitarios, hasta un lejano valle otoñal que era de dónde venía toda la Luz.

alpes003Bien, ya felices y disparando como locos nos quitamos la ansiedad. Pasamos todo el día en esa zona buscando localizaciones y encuadres para el majestuoso Aiguillè, tanto para atardecer como para el amanecer del tercer día.alpes009

Hoy dormimos y las afueras de un idílico pueblecito de esos que quedan bien hasta con el móvil, pero antes de dormir… alguna foto nocturna ¿No? Pues claro. Un lugareño salió de su casa a preguntarnos extrañado qué qué hacíamos ahí, a lo que Pablo le invitó a ver el resultado de su cámara para que saliera de su incredulidad. ¿os suena? Hasta mañana chicos.”

Juan García Lucas

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