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Como fotógrafa de viajes, considero que una de las experiencias más gratificantes es fotografiar gente. El hecho de hacer fotos, y sobre todo retratos, en una gran excusa para hacer nuevas amistades y adentrarme en una cultura que me es completamente ajena en muchas ocasiones.

Sin embargo, hay lugares en el mundo donde a la gente no les gusta ser retratados. ¿Qué puedes hacer entonces en esos casos?

Es difícil decir por qué motivo en algunas culturas o algunas regiones gente no le gusta ser fotografiado. Saber exactamente cuáles son sus motivos te ahorraría seguramente muchos momentos incómodos. No obstante, no parece que haya una fórmula única de responder a eso.

En este artículo detallo algunas de las soluciones que suelo aplicar cuando me enfrento a este reto. Están basadas en mi experiencia personal y estoy segura de que te servirán de ayuda cuando te encuentres en situaciones similares.

Fotografiar extraños: ¿Deberías de pedir permiso?

Un consejo bastante obvio que dan muchos fotógrafos y guías de viaje es que pidas permiso antes de hacer la foto. Y es algo con lo que estoy totalmente de acuerdo si quieres hacer un retrato.

Pero si lo que buscas es captar escenas de la vida cotidiana, en las que la gente es un elemento más dentro del encuadre, la situación cambia. En este caso la imagen no se centra en ellos si no en el momento, o incluso en el entorno aunque la presencia del elemento humano haga que, en conjunto, la imagen tenga más fuerza.

No quiero generar una controversia, ya que no es el objetivo de este artículo. Lo único que pretendo es compartir mis experiencias y lo que hago. Generalmente suelo actuar de dos formas.

En la primera, si estoy en la calle y alguna actividad interesante se lleva a cabo delante de mí, elijo un sitio y me quedo ahí, esperando a que cada uno de los elementos (incluida la gente) se coloquen dentro del encuadre. Me mantengo visible y no oculto mi intención de hacer una foto.

Es cierto que, a veces, la gente se irrita, agita la mano en señal de protesta y se cubre el rostro. No pasa nada, no saldrán en la foto. No tiene sentido discutir o que me moleste en explicar lo que hago a cada viandante. Tienen derecho a negarse a aparecer en la foto, pero yo también tengo derecho a hacer fotos en un lugar público.

Así es que sonrío y sigo haciendo fotos. Al que no le moleste, saldrá en la foto. La imagen anterior, tomada en Londres, refleja perfectamente esa situación. Estaba en Covent Garden, me asomé a una barandilla y vi esa terraza en la planta de abajo. En ningún momento me oculté ni escondí la cámara.

Actúa con normalidad y haz fotos de tu entorno con naturalidad. Por regla general, sobre todo en ciudades con mucha gente y donde pasan mil cosas a la vez, la gente está tan metida en sus pensamientos y pendiente de lo suyo que no se da cuenta de nada de lo que ocurre a su alrededor. Te será fácil pasar desapercibido.

En la segunda, la forma que tengo de actuar es fotografiar una escena sin que la persona (o gente) se dé cuenta. Puede que te incomode o no te parezca ético, pero no es más que una actitud.

A pesar de esta relativamente cerca, creo que Marruecos es uno de los lugares en donde más dificultades he encontrado para fotografiar a la gente. Si a esto le sumas el hecho de que muchas veces no me podía comunicar con la gente, el desafío era aún mayor. Esta foto la hice sin que el artesano se diera cuenta.

Si optas por la discreción, colócate en un sitio en el que pases relativamente desapercibido y que, al mismo tiempo, no parezca que te estás escondiendo. En cualquier caso, si alguien se da cuenta y se siente molesto o te pide que borres la foto, es tan sencillo como borrar la foto, seguir tu camino y no darle más importancia.

 

¿Pagar o no pagar?

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En lugares donde cuesta trabajo fotografiar a la gente o en ciertos países menos desarrollados, es frecuente que te pidan dinero a cambio de una foto.

Durante mucho tiempo me negué a contribuir a este tipo de práctica y jamás daba dinero. Consideraba que mis fotografías eran documentales, con el convencimiento de que estaba ayudando a inmortalizar visualmente las culturas y tradiciones. De este modo, si algún día desaparecieran, futuras generaciones podrían ver esas imágenes. Es más, muchos de mis sujetos son lo suficientemente generosos como para dejarme entrar, a veces fugazmente, en sus vidas y sus costumbres.

Sin embargo, con el paso del tiempo me he dado cuenta de que a la gente a la que fotografío, esa idea de documentar gráficamente su realidad no les importa lo más mínimo. En realidad, a quien le importa la foto es a mí, no a ellos. Es lógico que piensen que pueden conseguir algo de mí a cambio. Son oportunistas en cierto modo. Y yo también, por considerarlos una fantástica oportunidad fotográfica.

Sigo sin sentirme cómoda pagando directamente a cambio de una foto. Sería muy cínico por mi parte pensar que todo se reduce a un mero negocio. No obstante, si la situación lo requiere, a veces pago al sujeto pero de una forma que no esté directamente relacionada con la fotografía. Por ejemplo, compro algunas artesanía o, si estoy en un mercado, algo que esté vendiendo en su puesto.

En la fotografía anterior, tomada en unas islas al norte de Madagascar, la mujer me pidió inicialmente dinero a cambio de la foto. Y aunque le dije que no, luego compré unas telas que vendía en su rudimentario taller.

Antes de pagar deberías preguntarte “¿Cuán importante es esta foto para mí?” y “¿Qué consecuencias podría tener en el futuro el pagar a esta persona?”.

El turismo de masas causa el hartazgo de los locales

La razón por la que a la gente no le gusta ser fotografiada en algunos lugares es simplemente porque casi todos los turistas (entre los que me incluyo y asumo mi culpa) van con su cámara disparando a diestro y siniestro. Es algo totalmente comprensible. Afortunadamente, todavía hay países como por ejemplo muchos del Sudeste asiático, donde a la gente no sólo no le importa si no que te piden que les hagas fotos.

Personalmente, no me gusta demasiado fotografiar a la gente en los lugares muy populares en los que el turismo de masas causa estragos. Trato de ser empática con los locales. Es una experiencia que se asemeja al cansancio que producen esos molestos vendedores ambulantes que te piden en cada esquina que les compres cualquier recuerdo. Si a mí no me gusta sentirme un fajo de billetes con piernas, entiendo perfectamente que a mis potenciales sujetos no le guste ser el blanco de cualquier extranjero con una cámara.

La imagen anterior, tomada en Cartagena de Indias, es un buen ejemplo. Cartagena es una ciudad en la que el número de turistas por metro cuadrado es altísimo. Y lógicamente, los locales están hartos de ser retratados cada cinco minutos. Hice esta foto desde la distancia, tratando de respetar la intimidad de mi sujeto.

Por tanto, no dejes de ser empático. Cuando estés en un lugar muy turístico, evita usar tu cámara como si fuera una metralleta y piensa con detenimiento cada foto en la que vaya a salir gente.

Cómo reaccionar ante “clientes” problemáticos

Cuando las personas reaccionen de forma exagerada no olvides que, en primer lugar, no estás cometiendo ningún crimen. Tampoco te dejes intimidar. Al mismo tiempo, no te pongas a su nivel ni respondas con la misma ira o frustración. En realidad, eres tú el visitante. De modo que es más probable que seas tú quien ha cometido un error y no ellos. Sé amable y si has de disculparte, ya sabes.

Cuando me he tenido que enfrentar a esas situaciones, he preferido actuar como una extranjera torpe y un poco payasa. Si alguien realmente se se ha sentido molesto por mi cámara o mi actitud, sonrío, me disculpo y a veces ofrezco un apretón de manos. Incluso las situaciones más tensas se pueden solventar con una reacción risueña y despreocupada.

La foto anterior casi me cuesta un disgusto. Estaba paseando por una calle de Little India, en Singapur, llena de joyerías. Era temprano y aún no habían abierto las puertas. Me acerqué a una de ellas y ví como el personal estaba haciendo inventario de las joyas que estaban a punto de colocar en las vitrinas y escaparates. Me fascinó la rapidez con la que ese joyero contaba las pulseras y las movía de un lado a otro. Cuando se dió cuenta de que lo estaba fotografiando, me lanzó una mirada llena de ira y gesticuló que dejara de hacer fotos. Bajé la cámara, sonreí, le hice una pequeña reverencia en señal de disculpa y me di la vuelta.

Trata de mantener siempre una actitud positiva y, sobre todo, inofensiva. Si finalmente consigues la foto, genial. Pero si tu potencial sujeto muestra reticencia o incluso agresividad, sigue caminando tranquilamente y olvida el incidente. Ya surgirán nuevas oportunidades.

Interésate por las costumbres y la cultura local

Hay momentos incómodos que son inevitables. Y hay otros que se pueden evitar con un poco de cultura general y sentido común. Por ejemplo, en un país profundamente conservador, una mujer no va a reaccionar amigablemente si eres un hombre y te acercas a fotografiarla sin que su marido esté presente.

Otros situaciones son mucho más complejas. Conseguir la imagen anterior fue tremendamente difícil porque el sujeto se sentía muy incómodo al tener a una mujer occidental (yo) paseando alrededor observando y con una cámara. No hacía más que mirar de reojo mientras limpiaba las jaulas, aunque evitaba cualquier contacto visual directo.

Finalmente, cuando comprobó que las fotos que había hecho en los puestos de alrededor eran completamente inofensivas, se olvidó de mí, se tomó unos minutos de descanso y se puso a fumar. Aproveché ese momento de descuido y de relajación para hacer rápidamente una foto.

Anteriormente he mencionado la empatía, pero también es importante que conozcas la cultura local y que intentes, en la medida de lo posible, no transgredir ciertas reglas no escritas. Si te invitan a un té, no lo rechaces. Si te tienes que descalzar al entrar a un templo, descálzate. Haz que la gente se sienta cómoda a tu lado y las fotos saldrán solas.

Olvídate de los guías y pregunta a los locales

En un mundo ideal, los guías son tu nexo de unión con la gente y la cultura que buscas fotografiar. Si bien esto es cierto la mayor parte del tiempo, en realidad, muchos de los guías que he contratado me han ofrecido un valor limitado y estaban más preocupados por ganar dinero y tomar atajos que ayudarme en mi propósito.

Por esta razón, dedico un cierto tiempo a preguntar por la calle, en busca de recomendaciones de guías que me inspiren confianza. Aunque tras algunos desengaños, muchas veces prefiero que me acompañen locales, en lugar de guías profesionales. Por lo general, se trata de personas jóvenes que desean viajar, ver su propio país e interactuar con una extranjera algo fuera de lo común.

Nunca hubiera conseguido la foto anterior si no llega a ser por mi “guía”. En realidad no era más que un chico al que conocí en un taller mecánico y que no tenía mucho qué hacer al día siguiente. Lo único que me interesaba era que hablara algo de inglés, aunque fuera rudimentario.

Tana Toraja, una región al sur de la isla de Sulawesi (Indonesia), es conocida por sus ritos funerarios. Nada más llegar a Rantepao, la localidad principal de la zona, me puse a buscar a algún local que se ofreciera a acompañarme a uno de esos funerales.

Gracias a su habilidad, se enteró de los próximos funerales que se celebraban en la zona. Además, me indicó qué debía comprar a la familia en señal de agradecimiento por invitarme al acontecimiento. Por último, me acompañó hasta allí en varios medios de transporte e hizo de traductor.

Cuando estés en el extranjero, no te dejes intimidar por la barrera del idioma y trata de remediarlo. Busca la ayuda de los locales. Afortunadamente, la mayoría de la gente te echará una mano y será más hospitalaria de lo que imaginas.

Cuando viajes, no dejes de lado la ética

Al final, fotografiar personas en países extranjeros deben ser una experiencia positiva tanto para ti y como para la persona a la que estás retratando. Es importante que el hecho de hacer la foto sea algo que merezca la pena.

Si las cosas no van bien, ¿cuántos abusos están dispuestos a soportar los locales? Y ¿cuánto estás dispuesto a molestar a la gente a cambio de una fotografía? Esta es una pregunta abierta, cuya respuesta depende de muchas variables.

Sin embargo, creo que esta es la pregunta que todo fotógrafo con la intención de fotografiar gente se debe hacer.

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