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Empiezo con este artículo una serie sobre la relación entre la fotografía y el cine. No pretendo realizar un exhaustivo compendio de las muchas veces olvidada fotografía en el séptimo arte -muchas veces considerada como la hermana pobre del cine, aunque realmente sea su madre- sino una introducción que sirva de guía para adentrarse en este apasionante mundo. Sin los trabajos de Daguerre -el inventor de la fotografía-, los Lumiere no hubiesen asustado al público de la época con su famosa escena del tren entrando en la estación.

El cine adquiere su plenitud cuando se fusionan de forma armoniosa la fuerza de la palabra y el poder de la imagen. Las películas consideradas como obras maestras son visualmente potentes. ¿Quién no recuerda Ciudadano Kane, o El tercer hombre, o Cantando bajo la lluvia… Recordamos a Gene Kelly bajo la lluvia, magistralmente acompañado por la cámara del fotógrafo Harold Rosson, o la ascensión al poder de Orson Welles gracias al trabajo de Gregg Toland, o cómo olvidar, de nuevo, a Orson Welles en las alcantarillas de Viena, siguiendo el camino de luces de Robert Krasher.

Los inicios

El cine es posible gracias al médico inglés John Ayrton, que demostró gráficamente la persistencia retiniana, que es la permanencia en la retina de una imagen durante aproximadamente una décima de segundo, lo que nos permite seguir viendo durante esa fracción de tiempo objetos que no estén ante nuestros ojos.

Creó el taumatropo, un disco con las dos caras pintadas y dos cabos fijados en los extremos, que cuando se hace girar rápidamente se fusionan. A partir de aquí el descubrimiento del cine, de la imagen en movimiento, está a un paso.

Surgen diversos ingenios ópticos, como el zootropo, su evolución el praxinoscopio, el revólver fotográfico, el fusil… hasta Edison, el inventor del telégrafo, el fonógrafo y las lámparas de filamento, entre otras cosas. En 1891 presentó el kinestoscopio, cuyo aparato permite ver, individualmente, una película de diecisiete segundos. La semilla está puesta.

La Fotografía y Los orígenes del Cine

Los hermanos Lumière, se fijaron en este último invento y lo mejoraron dando lugar a la famosa cámara cinematográfica Lumière en 1895. El cine comienza a andar.

Al principio, un solo hombre se encarga de todo: transportar el equipo, crear la historia, actuar, como podemos ver en las películas de George Méliès, pero pronto nacen los especialistas técnicos, y el director de fotografía adquiere gran importancia.

Su trabajo, en continuo contacto con el director, consiste en seleccionar una parte de la realidad, es decir, encuadrar la imagen y decidir qué objetivo, distancia, altura, diafragma, movimiento de actores y de cámara, acompañan a la narración de la historia.

Todos los aspectos señalados, además de la iluminación, la sensibilidad de las películas y su tratamiento, darán forma al estilo del director de fotografía. Él propone el formato final, si es mejor uno panorámico o más cuadrado…

No puedo dejar de señalar que este es uno de los mayores delitos que se cometen  cuando la película sale de las salas de proyección: no respetar nunca el formato original en el que fue concebida la película. Sería como ver el cuadro de Las meninas en formato panorámico.

Las Meninas panorámicas
Las Meninas panorámicas: una aberración

En los primeros tiempos el aspecto visual en el que se proyectaban las películas en la pantalla (aspect ratio: relación que existe entre la anchura y la altura de la imagen) era el de 1.37:1, sin las molestas franjas negras. Aquel aspect ratio de 1.37:1 fue el que más se utilizó en Europa debido a la crisis de las Guerras Mundiales, ya que un sistema como el CinemaScope requería mayores gastos de plata, entre otras cosas. Pero ya veremos esto con más detenimiento.

En los próximos artículos seguiremos avanzando en el trabajo del director de fotografía y cómo se convirtió en uno de los pilares de la cinematografía gracias a su forma de ver las cosas.

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